Valencia renueva el programa de asistencia a prostitutas

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Valencia, 20 jun (EFE).- El Ayuntamiento de Valencia ha renovado su participación en el programa que le compromete a asistir a las personas que ejercen la prostitución en las calles y que, desde que se firmó por primera vez en 2001, ha insertado socialmente a un total de 331 mujeres.

Según ha informado el consistorio en un comunicado, el Ayuntamiento aportará 27.267 euros y distintos recursos municipales para el desarrollo de este programa integral de atención a las personas que ejercen la prostitución en las calles de la ciudad durante el año 2014.

Así se desprende del convenio de colaboración que, tal como ha acordado hoy el equipo de gobierno, suscribirá con la Conselleria de Bienestar Social, la Delegación del Gobierno en la Comunitat Valenciana y Cáritas Diocesana de Valencia.

Gracias a este convenio, que se firmó por primera vez en 2001 y que desde entonces se ha ido renovando, 331 mujeres, 34 de ellas en 2013, han dejado de ejercer la prostitución y cuentan con medios de subsistencia propios o proporcionados por su pareja.

El Ayuntamiento de Valencia aporta, además de la financiación, cuatro plazas en pisos para mujeres inmigrantes, ayudas para comedor escolar, para desarrollo personal, y de emergencia, y hasta veinte ayudas económicas para el acceso a vivienda o manutención.

La Conselleria, a través de las direcciones generales de Familia y Mujer y de Integración, Inclusión Social y Cooperación, realiza el seguimiento necesario de las mujeres que participan en el programa y solicitan el ingreso en los centros residenciales dependientes de la misma y facilitan información, orientación y asesoramiento a las mujeres del programa con situaciones especiales de extranjería.

Por su parte, la Delegación de Gobierno, a través de la Oficina de Extranjería en Valencia, presta el asesoramiento técnico necesario en coordinación con la asesoría jurídica de Cáritas Diocesana.

Además, la entidad benéfica dispone de un equipo de cinco profesionales especializadas y ocho voluntarios para el desarrollo del programa específico de sensibilización, prevención, intervención y asistencia a mujeres en la prostitución.

Desde el inicio del convenio hay constituida una comisión técnica de seguimiento del convenio, compuesta por una técnica adscrita a cada una de las instituciones y entidad firmantes de dicho convenio, que se reúne de forma cuatrimestral, además de las coordinaciones telefónicas y telemáticas.

Según la memoria del año 2013, se han realizado un total de 2.853 atenciones (1.700 contactos en la calle y 1.153 atenciones en la sede de Cáritas), y se ha atendido en la sede a 197 mujeres y 234 en la calle, de las cuales 29 han sido nuevas altas al programa.

Las intervenciones en el área de salud y en el proceso de documentación y regularización de permisos de residencia y documentación han sido las más numerosas, seguidas del aprendizaje del castellano y formación laboral.

Por lo que respecta al proceso de inserción de este colectivo, es largo y muy especializado, ya que se requiere una media de 2 ó 3 años, ya que tienen que afrontar grandes dificultades sociales: regularización de residencia, aprendizaje del idioma, formación ocupacional y finalmente la inserción laboral.

 

El arte feminista latinoamericano y la denuncia de la violencia de género

Irene Ballester - Feminicidio.net - 29/10/2013

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Si el feminismo es el instrumento a través del cual las mujeres pueden dotarse de poder dentro de la cultura patriarcal (1), la metodología feminista es un conjunto de estrategias que permiten la autorreflexión y en el caso de la Historia del Arte, sacan a la luz las aportaciones llevadas a cabo por las mujeres artistas ignoradas o presentadas únicamente como musas o seguidoras de los movimientos artísticos encabezados siempre por los hombres. Partiendo de esta liberación que las reafirma como sujetos autónomos, todas ellas tienen la capacidad contestataria de plasmar sobre su cuerpo su necesidad de hablar, pensar y actuar, no sólo a través de los temas que condicionan su situación femenina, como la sexualidad o la maternidad, la primera escindida y la segunda obligatoria. También son capaces de convertir su arte y su cuerpo en una plataforma para denunciar los abusos del fascismo, la violencia de género y en última instancia el feminicidio. Artistas como la guatemalteca Regina José Galindo, las mexicanas Lorena Wolffer y Rocío Boliver o la colombiana Martha Amorocho, entre otras, utilizan su cuerpo sin limitaciones, convirtiéndolo en un espacio físico y en un soporte real sobre el cual representar las experiencias de su vida.

 

En los inicios del siglo XXI, Latinoamérica vive un proceso de democratización que permitirá que mujeres artistas denuncien los abusos de poder del Estado a través del protagonismo del cuerpo femenino: Regina José Galindo en su performance del año 2003, ¿Quien puede borrar las huellas? O la peruana Natalia Iguiñiz Boggio, con el afiche Mi cuerpo no es un campo de batalla, del año 2004, a través del cual exige justicia para las miles de mujeres víctimas de abusos sexuales durante la guerra civil que duró en el Perú desde mayo de 1980 a noviembre del año 2000. Estas propuestas estéticas que intentaban recuperar espacios públicos para el feminismo, son las que intervendrán en la vida política y social, apropiándose de estrategias de comunicación que involucran la acción y la reacción como medidas para el cambio hacia la igualdad.

 

La categoría feminicidio fue desarrollada por Marcela Lagarde y de los Ríos, Catedrática en Antropología y Sociología de la Universidad Nacional Autónoma de México. El término proviene del inglés femicide expuesto por las teóricas feministas Diana Russell y Jill Radford en su texto Femicide. The politics of woman killing (2). A pesar de que la traducción del término femicide al español es femicidio, Marcela Lagarde transitó de femicidio a feminicidio porque el término femicidio puede ser sólo interpretado como el término femenino de homicidio, es decir, como un concepto que especifique el sexo de las víctimas. La identificación de femicide en feminicidio lleva implícita la necesidad de aclarar que no se trata únicamente de la descripción de crímenes que cometen homicidas contra niñas o mujeres, sino la construcción social de estos crímenes de odio, culminación de la violencia de género contra las mujeres, así como de la impunidad que los configura. En 1935 Frida Kahlo representó el feminicidio en la pintura Unos cuantos piquetitos, a pesar de ser un término todavía no conocido, mientras que Lorena Wolffer en Mientras dormíamos: el caso Juárez, del año 2002 y Regina José Galindo en El dolor en un pañuelo del año 1999 o Perra, del año 2005, lo volverán a denunciar través de las manifestaciones artísticas menos contaminadas por el patriarcado, entre ellas la performance, convirtiendo sus cuerpos en cuerpos metafóricos en los que las heridas, las vejaciones, las mutilaciones y los golpes pasan a ser territorios de resistencia contra los que combatir la violencia misógina.

 

En el año 2004 el cuerpo de Regina José Galindo se convirtió en un campo para la intervención quirúrgica. Su capacidad de contestación o de rebelión frente a la “dictadura” estética, era llevada a cabo en términos de desafío a los estereotipos de la feminidad y del cuerpo femenino ideal, anteponiendo su cuerpo al canon estético; Frida Kahlo también lo había hecho al autorretratarse enferma o en silla de ruedas, su cuerpo como pantalla de proyección para el dolor y la enfermedad. En el caso de Regina José Galindo, su cuerpo no iba a ser asimilado a los designios de la mirada patriarcal que se expresa en boca de los gustos por un cuerpo femenino perfecto y pulcro, sino mediante la crudeza de las imágenes de su video Himenoplastia en el que se somete a la reconstrucción del himen y denuncia el peligro al que se someten muchas mujeres que en países de todo el mundo se ven obligadas a conservar su virginidad como sinónimo de honor, tanto de ellas como de sus familias.

Todos estos trabajos muestran una gran autorreflexión en la que entra la perspectiva de género, postergada a un segundo plano por las reivindicaciones sociales de Latinoamérica, posteriores a los contextos sociopolíticos de las dictaduras que han desangrado a estos países. De esta explicación se desprende que todavía en Latinoamérica a las víctimas de la violencia de género se las culpabilice, que los códigos penales discriminen a las mujeres, que se desacredite la figura de las mujeres víctimas del feminicidio y que sus familiares no encuentren protección y ayuda por parte del Estado.

Irene Ballester Buigues es Doctora en Historia del Arte por la Universitat de València y Máster Universitario en Investigación Aplicada en Estudios Feministas, de Género y Ciudadanía por la Universitat Jaume I de Castelló. Profesora y crítica de arte, es autora del ensayo El cuerpo abierto. Representaciones extremas de la mujer en el arte contemporáneo. Coordina el curso online"Combatividad y resistencia. Arte y feminismo en América Latina" que se celebra en la plataforma de formación online de Feminicidio.net.

(1) Deepwell, Katty: “La crítica feminista de arte en un nuevo contexto”, Id (ed.), Nueva crítica feminista de arte. Estrategias críticas, Ediciones Cátedra, Universitat de València, Instituto de la Mujer, Madrid, 1998.

(2) Russell, Diane; Radford, Jill: Femicide. The politics of woman killing, Twayne Publishers, Nueva York, 1992.

 

Folletos TAMPEP

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Ajustan feminicidio en el Edomex

MONSERRAT CUADROS / Publicada el 21/01/2014 11:26:14 p.m.

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El Congreso local aprobó la iniciativa de reforma que perfecciona la tipificación del delito de feminicidio en el Código Penal del estado de México.

La medida, aprobada durante la sesión del pleno y en comisiones, pretende ajustar la legislación estatal con la federal y tomar en consideración las recomendaciones que han realizado organizaciones civiles en la materia.

Entre las reformas se encuentran siete agravantes para definir un feminicidio.

Se considerará feminicidio cuando la víctima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo como lesiones o mutilaciones degradantes, previas o posteriores a la privación de la vida o actos de necrofilia.

También se considerarán los antecedentes de las víctimas así como datos de cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar.

Se calificará como feminicidio cuando exista una relación sentimental, afectiva o de confianza entre el victimario y la víctima y cuando existan datos sobre amenazas, acoso o lesiones.

Se tomará en consideración si la víctima fue incomunicada, o si su cadáver fue expuesto o exhibido en un lugar público.

Será clasificado como feminicidio cuando la mujer fallezca como resultado de violencia de género o si el victimario es una persona conocida o desconocida y sin ningún tipo de relación.

Ana Yurixia Leyva Piñón, diputada por el PRD y una de las promotoras de esta iniciativa, confió que con la aprobación de las reformas al Código Penal se reducirá el número de ejecuciones cometidas contra las mujeres mexiquenses.

"Hoy dimos un gran paso, pero falta mucho por hacer falta mejorar los protocolos de investigación para los feminicidios", dijo, "Ahora, hasta 70 años o prisión vitalicia a quien asesine a una mujer en el Edomex".

Las sanciones por el asesinato de una mujer en la entidad irán de 40 a 70 años de prisión debido a que el feminicidio es considerado un delito grave de alto impacto que amerita prisión vitalicia.