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«Llevo 25 años en la prostitución y nunca me había ocurrido algo así; vi la muerte encima»

Enlace a la noticia original. Fuente: diariosur.es

«Llevo 25 años en la prostitución y nunca me había ocurrido algo así. Vi la muerte encima». Cristina es la transexual –«operada», matiza ella– que el pasado martes fue apaleada por un grupo de jóvenes en el polígono industrial Guadalhorce. «No los conocíamos de nada ni los habíamos visto nunca. Nos atacaron por nuestra identidad sexual. Es un delito de odio contra las dos», interviene Mar, que acompañaba a Cristina cuando se produjo la agresión y que también fue blanco de algunas de las piedras que les lanzaron.

Cristina nació en Colombia y, según su documentación española, tiene 39 años, aunque «son algunos más», bromea su nueva amiga Mar, la única de «todas las que hay aquí, y que me conocen desde tiempo, que acudió en mi ayuda», precisa Cristina, ‘La Cristal’ para sus compañeras por la protagonista de la conocida telenovela. Las hormonas y la cirugía no han dejado rastro en la colombiana del cuerpo de hombre en el que nació prisionera, y del que quiso escapar desde que tenía seis años. «El proceso», como lo llaman ellas, que Mar –«en mi DNI pondrá María del Mar»– acaba de emprender.

Un cuerpo, el de Cristina, amoratado y magullado por los golpes que no esconden el ceñido vestido salmón que viste esta noche en el polígono. Sólo la peluca rubia oculta las 15 grapas con las que suturaron la brecha que la barra de hierro le dejó en la cabeza. «Cuando la encontró la policía, estaba manchada de sangre y todavía tenía restos de mi pelo», explica.

Se conocen desde hace un par de meses y el martes, una noche con más movimiento del habitual por la Feria de Málaga, coincidieron junto a la entrada del punto limpio del Guadalhorce. Hablaban de sus cosas cuando, sobre las tres de la madrugada, un Citroën Xsara enfiló la calle y un grupo de veinteañeros escupió desde las ventanillas toda clase de insultos dirigidos contra la condición sexual de ambas. «¿Qué les estábamos haciendo nosotras?», se pregunta Mar. «Estamos aquí por necesidad, no por gusto», añade, «sólo damos un servicio que demanda la gente y con ello pagamos nuestras facturas».

Pasaron junto a ellas tres veces y tardaron unos minutos en volver. «Habían ido a por piedras», cuentan. Piedras grandes, recuerdan, que les lanzaron a apenas un par de metros de distancia la cuarta vez que recorrieron la calle a gran velocidad y pasaron junto a las meretrices. «A mí me dieron en el pecho, en la cabeza y en un brazo», apunta Mar, que alertó entonces a su compañera: «¡Quítate los tacones y echa a correr!».

Mar tomó la delantera y logró subirse en el coche de un cliente que se paró a socorrerla. «Le pedí que volviéramos a buscarla, pero no quiso. Cuando saqué mi teléfono móvil para llamar a la policía, me dijo que me bajara». Cristina no tuvo tanta suerte. Cuando trataba de seguir los pasos de Mar, el monovolumen de los jóvenes volvió a aparecer en la dirección hacia la que ella corría y tuvo que darse la vuelta para tratar de escapar. No lo logró. La acorralaron frente al punto limpio.

«Recuerdo su cara de rabia»

Dos de los cuatro ocupantes del vehículos se bajaron y comenzaron a darle puñetazos y patadas, según denuncia la víctima. Cristina tiene grabada la expresión de uno de ellos, «el de la camiseta blanca», al que identificó en la rueda de reconocimiento ante el juez. «Ese era el peor», insiste. «¿Es que no tienen hermanas? ¿O madres? Entonces, ¿por qué nos trataron así? Todavía recuerdo su cara de rabia, de odio». Es la palabra que más se repite en la entrevista, a la que acceden para pedir lo que no encontraron: «Respeto».

Ni Cristina ni Mar –madrileña, de 30 años, los últimos 13 fuera de casa– han tenido una vida fácil por «nacer en un cuerpo diferente», afirma esta última, que no tiene sobrenombre porque «soy Mar aquí y en todas partes y no tengo una doble vida» (Cristal interrumpe y la llama ‘La Thalía’ por su parecido físico con la cantante mexicana). La gente, coinciden, no acepta su condición sexual (empezando por sus propias familias, con las que han perdido el contacto) y perciben ese rechazo por donde quiera que van. «Es muy difícil, por no decir imposible, encontrar un trabajo. No te dicen abiertamente que te rechazan por ser transexual, pero lo notas en sus ojos, en la forma de mirarte. No te preguntan quién eres ni qué sabes hacer. Algunos te dicen: ‘¿Pero tú qué eres? Pues, para empezar, soy un ser humano y eso debería ser suficiente. He tardado mucho en aceptar lo que soy, pero mi mente ya ha cambiado», argumenta Mar, que ha estudiado «música y varios cursos de animadora sociocultural» con el que dice romper un cliché asociado a la prostitución. «¿Por qué no puede haber putas cultas? ¡Pues aquí estoy yo!», sentencia la joven, que asegura haber sido meretriz de lujo en Inglaterra y Marbella, y que lo cambió por el polígono «porque antes se quedaban la mitad de lo que ganaba». Sin llegar a ser frecuentes, no es la primera que ha tenido que enfrentarse a los insultos. «A veces pasan por tu lado y se meten contigo o te lanzan una botella, pero nada más. Esto nunca».

Su llamada fue clave para que la Policía Nacional, que tenía un coche camuflado y un radiopatrulla en las inmediaciones, atrapara a los agresores. Además de ser reconocidos por las víctimas, los agentes hallaron en su turismo el bolso que sustrajeron a Cristina tras ser apaleada. Los investigadores les imputaron un presunto delito de odio y otro de robo con violencia. Los cuatro detenidos tienen 17 y 18 años y son de Alhaurín de la Torre.

Mar acompañó a su amiga al hospital, donde le hicieron un TAC para descartar daños internos, pero al día siguiente volvió al polígono, a su sitio habitual. «No tengo miedo», asegura, «no hay que ceder ante la violencia». Para Cristina está siendo un poco más difícil volver al trabajo. «Yo sí lo tengo», confiesa ‘La Cristal’. «Estoy mal psicológicamente. Desde esa noche, veo un coche con dos o tres hombres y me derrumbo».

   

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